«Acer», «boy» y «colavoracion»: las faltas de ortografía que desataron la polémica en las oposiciones de maestros

Las oposiciones de maestros celebradas en Asturias en 2026 han abierto una intensa polémica después de conocerse que algunos aspirantes cometieron faltas de ortografía sorprendentes en sus exámenes. Palabras como «acer», «boy» o «colavoracion» han provocado un debate que va mucho más allá de la escritura: ¿están suficientemente preparados quienes aspiran a enseñar a nuestros hijos? ¿Fueron justas las correcciones? ¿Tienen los opositores suficientes garantías para reclamar sus calificaciones?
Las oposiciones docentes son uno de los procesos selectivos más exigentes de la Administración pública. Miles de aspirantes dedican meses, e incluso años, a estudiar temarios, preparar supuestos prácticos y elaborar programaciones didácticas con la esperanza de conseguir una plaza. Sin embargo, la convocatoria de Asturias de 2026 ha demostrado que dominar los contenidos no siempre es suficiente. Los errores ortográficos, las dificultades de expresión escrita y los problemas de comprensión lectora se situaron en el centro de una controversia que enfrentó a la Consejería de Educación con parte de las organizaciones sindicales.
La noticia adquirió especial relevancia cuando comenzaron a conocerse ejemplos de faltas atribuidas a los exámenes corregidos. Resultaba difícil imaginar que una persona que aspiraba a convertirse en maestro pudiera escribir «acer» en lugar de «hacer» o «boy» en vez de «voy». No obstante, detrás de estos errores existía una cuestión mucho más profunda: la necesidad de garantizar una adecuada preparación de los futuros docentes sin renunciar a la transparencia y a los derechos de quienes participan en las oposiciones.
Más de 2.000 aspirantes suspendieron la primera prueba
Las cifras del procedimiento selectivo asturiano ayudan a comprender el origen de la polémica. Según los datos difundidos por la Consejería de Educación, 6.014 personas fueron admitidas, aunque solamente 5.170 llegaron a presentarse. De estas últimas, 1.586 acudieron únicamente a firmar o abandonaron el examen durante los primeros quince minutos. Finalmente, 3.584 aspirantes completaron la prueba, pero solo 1.314 consiguieron aprobarla.
Esto significa que únicamente el 36,66 % de quienes completaron el examen logró superar la primera prueba. En otras palabras, casi dos de cada tres aspirantes que realizaron el ejercicio quedaron eliminados del procedimiento. Los resultados provocaron numerosas reacciones entre los opositores, especialmente entre quienes consideraban que sus conocimientos y su preparación merecían una calificación superior.
La situación fue especialmente llamativa en Educación Infantil, una de las especialidades con mayor participación. De los 960 aspirantes que finalizaron la primera prueba, solamente 294 aprobaron, aproximadamente el 31 %. Educación Primaria obtuvo un porcentaje cercano al 42 %, mientras que otras especialidades también registraron diferencias importantes. Estos resultados despertaron dudas sobre las causas de tantos suspensos y sobre la manera en que los tribunales habían aplicado los criterios de evaluación
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Las faltas de ortografía que desataron la controversia
El 9 de julio de 2026, La Voz de Asturias publicó una información basada en fuentes que habían tenido acceso a la corrección de los ejercicios. Según estas fuentes, entre las faltas detectadas aparecían expresiones como «acer» por «hacer», «boy» por «voy», «colavoracion» por «colaboración», «coheducacion» por «coeducación» y «a de ser» en lugar de «ha de ser». La información causó sorpresa porque se trataba de palabras y expresiones habituales en el lenguaje cotidiano y, algunas de ellas, especialmente frecuentes en el ámbito educativo.
Conviene aclarar que estos ejemplos no procedían de una relación oficial de errores publicada por la Consejería de Educación, sino de fuentes consultadas por el citado periódico. Tampoco se difundieron datos que permitieran determinar cuántos aspirantes habían cometido exactamente esas faltas. Por tanto, no sería correcto generalizar estos casos al conjunto de las personas que participaron en las oposiciones.
La trascendencia de la noticia reside, principalmente, en la profesión a la que aspiraban los candidatos. Un maestro debe ayudar a desarrollar las capacidades comunicativas del alumnado, enseñar progresivamente las convenciones del lenguaje escrito y servir como referente lingüístico durante su actividad profesional. Por ello, la corrección ortográfica y la capacidad de expresarse con claridad constituyen competencias fundamentales para el ejercicio de la docencia.
No obstante, resulta necesario distinguir entre errores graves y equivocaciones ocasionales. Una oposición supone una situación de considerable presión emocional, con tiempo limitado, extensos ejercicios manuscritos y una gran responsabilidad personal. Los nervios pueden provocar despistes, omisiones o errores involuntarios. Eso no significa que deban ignorarse las faltas, pero sí que cualquier valoración rigurosa debe considerar el conjunto del examen y aplicar los criterios establecidos en la convocatoria.
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¿Cuánto podían descontar las faltas de ortografía?
Uno de los aspectos más importantes de esta polémica es que la convocatoria de Asturias establecía expresamente una penalización por los errores ortográficos. La Resolución de 18 de diciembre de 2025, publicada en el Boletín Oficial del Principado de Asturias el 7 de enero de 2026, incluía en su apartado 7.2.2 una regulación concreta para las pruebas escritas.
De acuerdo con estas bases, cada falta de ortografía suponía una penalización de 0,2 puntos, con un máximo de un punto en las pruebas calificadas de cero a cinco y de dos puntos en aquellas evaluadas de cero a diez. También se establecía que las faltas cometidas en una misma palabra repetida se contabilizarían una sola vez y que los errores relacionados con las tildes serían considerados faltas ortográficas.
Esta disposición demuestra que la ortografía no era un criterio introducido después de corregir los exámenes, sino una exigencia previamente contemplada en las bases. Por ejemplo, cinco faltas diferentes podían suponer la pérdida de un punto en una prueba calificada sobre cinco. Una diferencia considerable en un procedimiento en el que unas décimas pueden resultar decisivas para continuar en la oposición.
Sin embargo, la existencia de una penalización reglamentaria no demuestra que todos los suspensos se debieran a errores ortográficos. La calificación dependía también de los conocimientos, del desarrollo de los ejercicios, de la adecuación de las respuestas y de los restantes criterios de evaluación. Sin información individualizada sobre cada examen, no es posible determinar qué peso tuvieron exactamente las faltas en el resultado final de cada aspirante.
Educación Infantil: una especialidad especialmente afectada
Los resultados de Educación Infantil merecen una reflexión particular. Esta etapa constituye el primer acercamiento sistemático de muchos niños y niñas a experiencias educativas relacionadas con el lenguaje, la comunicación y la aproximación a la lectura y la escritura. Aunque la Educación Infantil no tiene como finalidad exigir que todo el alumnado termine la etapa dominando la lectoescritura convencional, sí resulta fundamental estimular la conciencia fonológica, ampliar el vocabulario, favorecer la expresión oral y despertar el interés por los textos escritos.
El maestro de Educación Infantil desempeña una función decisiva como modelo comunicativo. Sus explicaciones, los cuentos que lee, las conversaciones que mantiene con el alumnado y los textos que utiliza en el aula influyen directamente en el desarrollo lingüístico infantil. Por eso, una adecuada competencia comunicativa es indispensable, aunque la enseñanza de esta etapa requiera también conocimientos sobre desarrollo evolutivo, atención a la diversidad, metodología, evaluación y organización de los aprendizajes.
En una oposición de Educación Infantil, además, existen numerosos conceptos que deben escribirse correctamente: coeducación, inclusión, psicomotricidad, desarrollo cognitivo, aprendizaje significativo o programación didáctica, entre otros. Un buen opositor no solamente debe conocer estos conceptos, sino también utilizarlos con precisión y explicar su significado de manera clara, rigurosa y comprensible.
El problema iba más allá de escribir correctamente
La Consejería de Educación del Principado de Asturias sostuvo que las faltas de ortografía habían sido una de las causas más relevantes de los suspensos. Sin embargo, también señaló otros problemas detectados por los tribunales: dificultades de sintaxis, errores de puntuación, comprensión lectora insuficiente y falta de preparación en determinados ejercicios.
Según las fuentes consultadas por La Voz de Asturias, algunos aspirantes intentaron reproducir contenidos previamente memorizados sin responder adecuadamente a lo que se les preguntaba. Esta circunstancia introduce una cuestión especialmente importante para cualquier persona que esté preparando oposiciones: memorizar un tema no equivale necesariamente a comprenderlo ni garantiza saber aplicarlo correctamente durante un examen.
En las pruebas docentes es fundamental interpretar el enunciado, seleccionar los conocimientos pertinentes y construir una respuesta coherente. Un aspirante puede conocer numerosos autores, teorías pedagógicas y disposiciones normativas, pero si desarrolla contenidos que no responden a la pregunta, su ejercicio puede resultar insuficiente. La preparación debe combinar, por tanto, estudio, comprensión, razonamiento y entrenamiento práctico.
Esta reflexión adquiere especial importancia en los supuestos prácticos de Educación Infantil. No basta con reproducir una propuesta metodológica aprendida de memoria. Es necesario analizar las características del grupo, identificar las necesidades educativas, justificar las decisiones adoptadas y diseñar una intervención coherente con el currículo y con las circunstancias descritas en el supuesto.
Los sindicatos cuestionan la transparencia del procedimiento
La polémica no terminó con las explicaciones de la Consejería. Distintas organizaciones sindicales manifestaron su preocupación por las posibilidades reales que tenían los opositores para conocer las correcciones y solicitar la revisión de sus exámenes antes de que continuara el proceso selectivo.
CCOO denunció la falta de transparencia y reclamó que las calificaciones se publicaran íntegramente, además de establecer un procedimiento de revisión efectivo. CSIF también solicitó el acceso a los ejercicios corregidos, la publicación de las rúbricas utilizadas por los tribunales y mecanismos de reclamación que permitieran comprobar cómo se había obtenido cada nota. El sindicato rechazó, además, que los errores atribuidos a determinados aspirantes sirvieran para desprestigiar al conjunto de profesionales interinos.
Por su parte, SUATEA expresó su confianza en la profesionalidad de los miembros de los tribunales, al tiempo que planteó mejoras en las garantías del procedimiento. Entre sus propuestas figuraban facilitar la revisión de los ejercicios después de cada prueba y dar mayor publicidad a los criterios de evaluación.
Estas reivindicaciones plantean una cuestión esencial: exigir rigor académico y garantizar un procedimiento transparente no son objetivos incompatibles. Un tribunal debe poder evaluar con exigencia, pero los aspirantes también necesitan conocer los criterios aplicados y disponer de mecanismos adecuados para cuestionar posibles errores de corrección. La confianza en un sistema selectivo depende tanto de la calidad de las pruebas como de las garantías ofrecidas a quienes participan en él.
¿Qué deberían aprender los opositores de esta noticia?
La experiencia de Asturias deja varias enseñanzas útiles para quienes preparan las oposiciones de Educación Infantil de 2027 y futuras convocatorias. La primera es que la expresión escrita debe entrenarse con la misma seriedad que los contenidos del temario. No resulta suficiente estudiar durante meses si después el ejercicio presenta errores que perjudican su comprensión o provocan penalizaciones.
También conviene practicar la escritura a mano en condiciones similares a las del examen. Desarrollar temas completos, resolver supuestos prácticos con tiempo limitado y revisar posteriormente las respuestas permite detectar errores que pueden pasar inadvertidos durante el estudio. Una buena preparación debería incorporar correcciones ortográficas, revisión de la puntuación y análisis de la claridad expositiva.
Otro aspecto fundamental consiste en comprender las preguntas antes de comenzar a escribir. Leer detenidamente el enunciado, identificar sus apartados y organizar las ideas evita desarrollar respuestas extensas que no se ajustan a lo solicitado. En las oposiciones, escribir más no significa necesariamente responder mejor. La claridad, la precisión y la coherencia pueden resultar mucho más valiosas que una acumulación desordenada de información.
Por último, es imprescindible consultar las bases de cada convocatoria. Las penalizaciones ortográficas de Asturias no deben considerarse automáticamente aplicables al resto de las comunidades autónomas. Cada procedimiento puede establecer criterios específicos sobre presentación, corrección lingüística, desarrollo de las pruebas y evaluación, por lo que conocer las reglas concretas resulta tan importante como preparar adecuadamente los contenidos.
Una polémica que obliga a reflexionar sobre las oposiciones docentes
Las palabras «acer», «boy» y «colavoracion» consiguieron captar la atención pública, pero sería un error reducir todo lo sucedido en Asturias a unas cuantas faltas llamativas. La controversia puso de manifiesto cuestiones mucho más importantes: el nivel de exigencia en el acceso a la docencia, la preparación de los aspirantes, la aplicación de criterios objetivos y las garantías de transparencia del sistema selectivo.
La profesión docente requiere una formación sólida, un dominio adecuado del lenguaje y competencias pedagógicas suficientes para acompañar el aprendizaje del alumnado. Al mismo tiempo, miles de opositores realizan cada año un esfuerzo considerable que merece respeto, una evaluación rigurosa y la posibilidad de conocer cómo han sido valorados sus conocimientos.
Exigir que un futuro maestro escriba correctamente no debería resultar polémico. Lo que sí merece un debate profundo es cómo garantizar que esa exigencia se aplique de manera justa, proporcionada y transparente.
Las oposiciones deben seleccionar a profesionales preparados, pero también ofrecer seguridad y confianza a quienes participan. Porque detrás de cada examen hay muchas horas de estudio, sacrificios personales y un proyecto de vida. Y detrás de cada plaza docente está, sobre todo, la responsabilidad de educar a las próximas generaciones.
Y tú, ¿qué opinas? ¿Consideras adecuado penalizar las faltas de ortografía en las oposiciones de maestros? ¿Crees que los aspirantes deberían poder revisar sus exámenes antes de continuar el proceso selectivo?
Fuentes y documentación
Boletín Oficial del Principado de Asturias, 7 de enero de 2026. Resolución de convocatoria, apartado 7.2.2. Consultar convocatoria oficial.
La Voz de Asturias, 9 de julio de 2026. Información sobre los errores ortográficos detectados y la controversia en las oposiciones.
La Voz de Asturias, información sobre los resultados y porcentajes de aprobados por especialidades.
Europa Press, 8 y 14 de julio de 2026. Declaraciones de la Consejería de Educación y reivindicaciones de CSIF.
CCOO Asturias y SUATEA, comunicados sindicales de julio de 2026 sobre transparencia, revisión de exámenes y propuestas de mejora.







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