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Criterio, evidencia e instrumento: la diferencia explicada con ejemplos de Infantil

hace 4 días
15 min de lectura


La evaluación es uno de esos apartados de la programación que parece sencillo hasta que intentamos explicarlo con precisión. Sabemos que en Educación Infantil debemos utilizar criterios de evaluación, observar el progreso del alumnado y seleccionar instrumentos adecuados, pero cuando llega el momento de escribir una situación de aprendizaje o defenderla ante el tribunal empiezan las dudas. ¿El dibujo realizado por un niño es un criterio o una evidencia? ¿Una rúbrica es una evidencia o un instrumento? ¿La observación directa es un instrumento? ¿Qué diferencia existe realmente entre observar algo y registrarlo?


Estas confusiones producen expresiones muy habituales en las oposiciones: «mi evidencia será una rúbrica», «evaluaré mediante el criterio de observación directa» o «mi instrumento será la participación del alumnado». Las tres suenan relacionadas con la evaluación, pero están mezclando niveles diferentes. La manera más fácil de evitarlo consiste en asociar cada concepto a una pregunta: el criterio responde a qué aprendizaje voy a valorar; la evidencia, a qué tengo que observar para saber que ese aprendizaje se está manifestando; y el instrumento, a dónde o cómo voy a registrar y organizar la información que obtengo.


Hay además una cuarta palabra que conviene introducir porque evita buena parte de la confusión: técnica de evaluación. El Real Decreto 95/2022 establece expresamente que en Educación Infantil la evaluación debe ser global, continua y formativa y que la observación directa y sistemática constituye la técnica principal del proceso evaluador. También establece que se tomarán como referencia los criterios de evaluación correspondientes a cada ciclo y área.  Por tanto, decir simplemente «mi instrumento será la observación directa» no es la formulación más precisa dentro de este marco: la observación es la técnica; el registro anecdótico, una lista de cotejo o una escala pueden ser los instrumentos con los que recogemos y organizamos aquello que hemos observado.


Nuestro propio temario sigue esta lógica. Al explicar los elementos curriculares señala que los criterios de evaluación permiten valorar el progreso relacionado con las competencias, mientras que la evaluación de Infantil debe interpretarse de manera global, flexible y evolutiva, acompañando procesos y no exigiendo resultados cerrados.  Comprender esta diferencia permite que la evaluación deje de ser una tabla añadida al final de la programación y empiece a tener sentido dentro de todo el proceso de enseñanza y aprendizaje.


Criterio, evidencia e instrumento no son tres formas de llamar a lo mismo


El criterio de evaluación pertenece al currículo. El Real Decreto 95/2022 lo define como el referente que indica el nivel de desempeño esperado del alumnado en las situaciones o actividades relacionadas con las competencias específicas.  Eso significa que el criterio no lo inventamos simplemente porque una actividad nos guste o porque queramos comprobar algo concreto. Partimos de los criterios establecidos en el currículo aplicable y, en una oposición, debemos revisar además el decreto curricular de nuestra comunidad autónoma, porque será ese marco territorial el que tendremos que utilizar en nuestra programación.


La evidencia, en cambio, no aparece en el Real Decreto 95/2022 definida como un nuevo elemento curricular al mismo nivel que competencia específica, criterio o saber básico. En el lenguaje de evaluación utilizamos esta palabra para referirnos a la manifestación observable que nos proporciona información sobre el aprendizaje. Puede ser algo que el niño hace, dice, representa, construye, explica, elige o resuelve dentro de una situación significativa. Si queremos valorar si utiliza cuantificadores en contextos cotidianos, una evidencia podría aparecer cuando reparte «dos platos», dice que «hay más coches aquí» o pide «tres piezas» durante un juego.


El instrumento de evaluación es el soporte que utilizamos para registrar, organizar o interpretar la información obtenida. Nuestro temario menciona, entre otros, diarios de observación, listas de cotejo, registros anecdóticos y portafolios para documentar el progreso individualizado del alumnado.  Una lista de cotejo no es aquello que ha aprendido el niño; es una herramienta que permite al docente registrar si determinadas manifestaciones aparecen, con qué frecuencia, en qué contextos o con qué grado de ayuda.


Y la técnica es el procedimiento mediante el cual obtenemos esa información. En Infantil la principal es la observación directa y sistemática. El temario explica precisamente que una observación útil debe partir de un objetivo, planificar el contexto, recoger datos de manera objetiva, interpretar posteriormente la información y terminar en una toma de decisiones pedagógicas. También diferencia la observación espontánea de la sistemática y señala que esta última puede apoyarse en listas de cotejo, rúbricas o escalas.

La diferencia puede visualizarse así:

Concepto

Pregunta que responde

Ejemplo

Criterio

¿Qué aprendizaje o desempeño voy a valorar?

Utiliza cuantificadores básicos en situaciones de juego

Evidencia

¿Qué tendría que observar para saber que progresa?

Durante la tienda pide dos frutas, compara cantidades o reparte una por persona

Técnica

¿Cómo obtengo la información?

Observación directa y sistemática

Instrumento

¿Dónde registro y organizo lo observado?

Lista de cotejo o registro anecdótico


Cuando consigues mantener esta secuencia, gran parte del apartado de evaluación empieza a organizarse prácticamente solo: criterio → situación → evidencia → técnica → instrumento → decisión pedagógica.


El criterio de evaluación: el punto de partida, no una frase decorativa


Uno de los errores más frecuentes consiste en colocar varios criterios de evaluación debajo de una situación de aprendizaje y no volver a utilizarlos. Aparecen porque sabemos que «hay que poner criterios», pero después las actividades y la evaluación funcionan por separado. El resultado es una programación curricularmente muy cargada, pero poco coherente. Un criterio tiene sentido cuando influye realmente en aquello que vas a observar y en las experiencias que proporcionas para que el alumnado pueda mostrar ese desempeño.

Pensemos en un ejemplo relacionado con Descubrimiento y Exploración del Entorno. El currículo estatal incluye criterios relacionados con el uso de cuantificadores significativos en situaciones de juego e interacción.  Si seleccionas un criterio de este tipo, no necesitas preparar una «ficha de evaluación de cuantificadores». Puedes diseñar un mercado en el aula donde niños y niñas compran alimentos de juguete, preparan pedidos, comparan cestas, reparten productos y utilizan espontáneamente expresiones relacionadas con cantidad.


Ahí aparece una diferencia esencial entre actividad y criterio. «Jugar a las tiendas» no es el criterio de evaluación. Es una situación o experiencia que crea oportunidades para que determinados aprendizajes se manifiesten. El criterio te indica qué desempeño curricular estás valorando dentro de esa experiencia. Y tampoco significa que todo lo que suceda en la tienda tenga que evaluarse: probablemente allí aparezcan lenguaje oral, autonomía, convivencia, clasificación, conteo y juego simbólico, pero debes seleccionar conscientemente qué aspecto estás observando en cada momento.


Esto también explica por qué no deberías transformar cada criterio en diez microindicadores hasta crear una enorme tabla imposible de utilizar. En Infantil la evaluación es global, continua y formativa, y debe servir para reconocer la evolución del niño dentro de contextos significativos, no para convertir cada conducta en una casilla. El temario insiste precisamente en que la evaluación debe atender al proceso de desarrollo y permitir ajustar ritmos y propuestas a partir de la información obtenida.


Si quieres profundizar en cómo se conectan los criterios con competencias y evaluación curricular, puedes complementar este artículo con Evaluación competencial en Infantil: ejemplos de criterios y descriptores operativos. Evaluación competencial en Infantil


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La evidencia: aquello que el aprendizaje te permite observar


Este es probablemente el concepto que más dudas genera porque no siempre produce un objeto físico. Una evidencia no tiene por qué ser una ficha, una manualidad o un producto final. En Educación Infantil muchísimos aprendizajes aparecen durante la acción: una conversación, una estrategia utilizada para resolver un problema, una conducta autónoma, una interacción con un compañero, una explicación espontánea o una forma de organizar materiales pueden proporcionar información mucho más valiosa que cualquier producción elaborada expresamente para evaluar.


Imaginemos que quieres valorar un criterio relacionado con la participación en situaciones comunicativas. Durante una asamblea una niña cuenta lo que hizo durante el fin de semana, escucha cuando habla otro compañero, responde a una pregunta relacionada con lo que acaba de escuchar y utiliza gestos cuando necesita completar su explicación. Todas esas conductas pueden convertirse en evidencias relacionadas con su competencia comunicativa. El criterio sigue siendo curricular; la evidencia es lo que ha ocurrido realmente delante de ti y te permite interpretar cómo está progresando.


También conviene tener cuidado con las fotografías y los vídeos. Una fotografía puede documentar una evidencia, pero no debemos pensar que acumular cien fotografías significa necesariamente haber evaluado mejor. Una imagen de un niño colocando varias piezas puede resultar útil si sabemos qué estábamos observando y qué información proporciona sobre el criterio seleccionado. Sin ese propósito, tenemos simplemente documentación de una actividad. La evaluación aparece cuando relacionamos esa información con un referente, la interpretamos y la utilizamos para tomar decisiones educativas.


Por eso una evidencia debe ser observable, suficientemente relacionada con el criterio y contextualizada. «Ha aprendido los números» es demasiado general; «durante el juego del restaurante reparte un vaso a cada comensal sin ayuda y detecta que falta uno» ofrece mucha más información. «Tiene buena autonomía» tampoco describe una evidencia; «al finalizar la actividad guarda los materiales en su zona correspondiente y solicita ayuda únicamente cuando no consigue cerrar una caja» sí nos permite observar un comportamiento concreto y seguir su evolución.


El instrumento: la herramienta que te ayuda a no depender de la memoria


Una vez sabes qué criterio estás trabajando y qué evidencias buscas, necesitas decidir cómo conservar esa información. Aquí aparece el instrumento de evaluación. Su función no consiste en generar el aprendizaje, sino en ayudarte a registrar observaciones de forma suficientemente ordenada para poder volver sobre ellas, compararlas a lo largo del tiempo y tomar decisiones pedagógicas. En Infantil esto es especialmente importante porque una enorme cantidad de información aparece de manera espontánea durante juego, rutinas, conversaciones y relaciones.


Un registro anecdótico, por ejemplo, puede resultar muy adecuado cuando ocurre algo significativo que quieres describir con cierto detalle. Puedes anotar la fecha, el contexto, qué sucedió exactamente y qué interpretación pedagógica realizarás posteriormente. Una lista de cotejo puede ser más útil cuando necesitas observar algunos comportamientos concretos durante varias situaciones. Una escala de valoración permite registrar grados de autonomía o frecuencia, mientras que un portafolio puede reunir producciones y documentación seleccionadas para observar evolución a lo largo de un periodo.


La rúbrica también puede utilizarse, pero no necesitamos convertirla en la herramienta universal de toda evaluación LOMLOE. En Educación Infantil muchas veces una escala descriptiva sencilla, un registro de observación o un diario docente resultarán más naturales que una rúbrica compleja de cuatro niveles para cada actividad. La selección depende de qué necesitas conocer, no de qué instrumento parece más sofisticado delante del tribunal. Nuestro temario plantea precisamente instrumentos diversos y poco invasivos como diarios, listas de cotejo, registros anecdóticos y portafolios.


Hay además una precisión que puede darte muchos puntos en una defensa oral: observación directa y lista de cotejo no son exactamente lo mismo. El Real Decreto 95/2022 establece la observación directa y sistemática como la técnica principal de la evaluación de Infantil.  La lista de cotejo es uno de los instrumentos mediante los que puedes registrar parte de aquello que observas. Utilizar ambas palabras indistintamente es muy habitual; diferenciarlas demuestra que comprendes cómo funciona realmente el proceso.


Tres ejemplos completos para no volver a confundirlos


Imagina una situación de aprendizaje titulada «Nuestro pequeño mercado» para alumnado de cuatro años. Seleccionas un criterio relacionado con la utilización de cuantificadores básicos en contextos de juego. El mercado proporciona la situación. La evidencia aparece cuando una niña solicita «dos peras», compara dos cestas diciendo que una tiene más elementos o entrega un producto a cada compañero. La técnica será la observación directa y sistemática y puedes utilizar una lista de cotejo para registrar si emplea los cuantificadores espontáneamente, con ayuda o todavía no los utiliza en ese contexto. El dibujo final del mercado puede existir, pero no es automáticamente la evidencia principal del criterio que has elegido.


Pensemos ahora en una asamblea de cinco años. Seleccionas un criterio relacionado con la participación activa y respetuosa en situaciones comunicativas. La evidencia puede encontrarse cuando el alumno toma la palabra para explicar una experiencia, atiende al mensaje de otro compañero, responde de manera relacionada, adapta progresivamente su expresión al contexto o utiliza distintos recursos comunicativos cuando los necesita. Podrías registrar episodios especialmente significativos mediante un registro anecdótico y complementar esa información con una escala de observación periódica. El criterio no es «participar en la asamblea»; participar en la asamblea es el contexto donde tienes la oportunidad de observar el desempeño.


Un tercer ejemplo puede aparecer durante las rutinas de autonomía. Quieres valorar el progreso en acciones cotidianas relacionadas con cuidado personal y responsabilidad. La evidencia no sería una ficha donde el niño colorea imágenes de hábitos, sino comprobar cómo actúa realmente cuando llega el momento de lavarse las manos, ponerse una prenda, recoger sus pertenencias o preparar el material necesario. Puedes observar si inicia la acción espontáneamente, sigue la secuencia, solicita una ayuda ajustada o necesita acompañamiento constante. Un registro periódico permitirá comprobar si esas necesidades cambian durante varias semanas.


Estos tres ejemplos muestran algo fundamental: el instrumento puede cambiar aunque el criterio sea parecido, y una misma actividad puede generar evidencias para varios criterios. No necesitas evaluarlo todo simultáneamente. La calidad de una programación no aumenta por tener veinte instrumentos, sino por demostrar que existe coherencia entre aquello que pretendes valorar, las situaciones que propones, la información que recoges y las decisiones que tomas después.


La regla que puede ayudarte a construir cualquier apartado de evaluación


Cuando diseñes una situación de aprendizaje, comienza por el currículo y selecciona los criterios realmente vinculados con la propuesta. Después subraya mentalmente qué desempeño esperas poder observar. Esa pregunta te obliga a salir de las formulaciones legales y entrar en la realidad del aula: ¿qué estaría haciendo, diciendo, resolviendo o mostrando un niño cuando ese aprendizaje empieza a desarrollarse?


A continuación diseña experiencias que permitan que ese desempeño aparezca de manera natural. Si quieres observar cooperación, necesitas situaciones donde exista algo que resolver con otros; si quieres observar autonomía, debes ofrecer verdaderas oportunidades para actuar sin que el adulto se anticipe constantemente; si quieres valorar comunicación, necesitas interacciones reales. No puedes obtener evidencias de un aprendizaje si tus actividades nunca permiten que ese aprendizaje se manifieste.


Después decides qué técnica y qué instrumento resultan proporcionados. En Educación Infantil la observación será fundamental, pero quizá quieras documentarla mediante una lista de cotejo durante varios días, un diario docente en situaciones abiertas o un registro anecdótico cuando aparecen hechos especialmente significativos. El propio temario explica que la observación sistemática debe tener un objetivo, seleccionar contextos, registrar objetivamente, interpretar y desembocar finalmente en decisiones pedagógicas.


El proceso termina cuando utilizas lo observado para modificar o mantener tu intervención. Si descubres que parte del alumnado emplea cuantificadores correctamente en actividades dirigidas pero no durante el juego espontáneo, esa información debería influir en tus próximas propuestas. Si un niño se comunica perfectamente en pequeño grupo pero apenas interviene en asamblea, necesitas comprender qué cambia entre ambos contextos. Evaluar no significa únicamente recoger evidencias: significa utilizarlas para enseñar mejor.


Esta lógica es especialmente importante cuando prepares situaciones de aprendizaje, porque evita que el apartado evaluativo quede añadido artificialmente al final. En nuestra guía sobre situaciones de aprendizaje puedes ver cómo los criterios deben relacionarse con el resto de los elementos de la propuesta. Situaciones de aprendizaje LOMLOE en Infantil: esquema, ejemplos y plantillas


Cinco errores que deberías detectar al revisar tu programación


El primero es escribir «la evidencia será una rúbrica». La rúbrica puede ser tu instrumento para organizar la información, pero la evidencia será aquello que el alumnado manifieste y que te permita valorar su progreso. Si el criterio está relacionado con resolución de pequeños retos, la evidencia puede aparecer en la estrategia que utiliza el niño, las alternativas que propone, las preguntas que realiza o la ayuda que necesita. La rúbrica simplemente te ayuda a describir o registrar distintos niveles de ese desempeño.


El segundo es afirmar «evaluaré mediante observación directa, rúbricas y listas de cotejo» como si los tres conceptos pertenecieran exactamente a la misma categoría. No es un desastre terminológico, pero puedes ser mucho más preciso: «utilizaré la observación directa y sistemática como técnica principal y emplearé registros anecdóticos, listas de cotejo o escalas de valoración según aquello que necesite documentar». Esa formulación está además mucho más alineada con lo que establece expresamente el Real Decreto 95/2022 sobre la evaluación en Infantil.


El tercero consiste en inventar tus propios criterios y llamarlos criterios de evaluación. Puedes concretar comportamientos observables, indicadores o evidencias que te ayuden a interpretar el criterio, pero el referente curricular debe proceder de la normativa correspondiente. Recuerda además que el Real Decreto 95/2022 constituye el marco estatal y que, en la oposición, tendrás que trabajar con el currículo vigente de tu comunidad autónoma. Esta diferenciación resulta especialmente importante cuando redactas tablas curriculares.


El cuarto es evaluar únicamente productos finales. Un mural precioso puede decir muy poco sobre cómo ha participado cada niño. Un experimento terminado tampoco explica necesariamente qué hipótesis formuló, cómo resolvió dificultades o qué entendió durante el proceso. En Educación Infantil necesitamos observar especialmente procesos, interacciones, acciones, lenguaje, autonomía, estrategias y evolución. Por eso la observación continuada tiene tanto peso en la etapa.


El quinto error consiste en acumular información y no utilizarla. Una programación con diez instrumentos, cuarenta registros y cien fotografías no es automáticamente mejor. La evaluación tiene sentido cuando permite comprender el progreso y reajustar la intervención. El temario señala precisamente que la información evaluativa debe servir para adecuar propuestas, ritmos y decisiones pedagógicas y extenderse también a la propia práctica docente.


Cómo explicárselo al tribunal sin enredarte


Si durante la defensa te preguntan «¿qué diferencia existe entre criterio, evidencia e instrumento?», no necesitas impartir una clase teórica durante cinco minutos. Puedes comenzar señalando que el criterio es el referente curricular que indica qué desempeño valoramos; la evidencia es la manifestación observable del aprendizaje que nos permite obtener información sobre ese criterio; y el instrumento es la herramienta con la que registramos u organizamos esa información. Después añade que, en Educación Infantil, la observación directa y sistemática constituye la técnica principal de evaluación.


Lo verdaderamente diferenciador llegará inmediatamente después: introduce un ejemplo. Explica que, si valoras un criterio relacionado con utilización de cuantificadores, durante el juego de la tienda puedes observar como evidencia que un niño pide dos productos, compara cantidades o distribuye uno por compañero, y registrar posteriormente esas observaciones mediante una lista de cotejo o un registro anecdótico. En apenas medio minuto has demostrado que no únicamente conoces las definiciones, sino que eres capaz de trasladarlas al aula.


También puedes añadir una frase que muestre criterio profesional: el instrumento elegido dependerá del aprendizaje y del contexto. No utilizarás una rúbrica porque «la LOMLOE obliga a utilizar rúbricas», porque no existe tal obligación general en el Real Decreto 95/2022. Elegirás el instrumento que permita recoger información suficiente y manejable para ese propósito. Esa precisión evita modas metodológicas y transmite una visión mucho más sólida de la evaluación.

Y recuerda que el final siempre debe volver a la finalidad de evaluar: tomar decisiones. Si la evidencia muestra progreso, continuaremos ofreciendo nuevos retos; si aparecen dificultades, revisaremos apoyos, tiempos, metodología o ambiente; y si nuestro instrumento no está proporcionando información útil, también podremos sustituirlo. La evaluación formativa no sirve simplemente para demostrar al tribunal que tenemos tablas completas, sino para mejorar el proceso educativo.


Preguntas frecuentes sobre criterios, evidencias e instrumentos


¿Una producción del alumnado es siempre una evidencia de aprendizaje?


Puede proporcionar evidencias, pero debemos preguntarnos qué información concreta nos ofrece respecto al criterio seleccionado. Un dibujo, una construcción o un mural pueden resultar muy útiles para observar determinados aprendizajes, pero no deberían convertirse automáticamente en evidencias simplemente porque sean productos visibles. En ocasiones, el proceso mediante el cual se elaboraron ofrece mucha más información que el resultado: cómo eligió materiales, qué explicó, cómo resolvió un problema, cómo colaboró o qué decisiones tomó. Por eso conviene combinar productos con observación contextualizada.


¿La observación directa es una técnica o un instrumento?


En el marco del Real Decreto 95/2022, la formulación más precisa es hablar de técnica, ya que la norma establece que la observación directa y sistemática constituye la técnica principal del proceso de evaluación en Educación Infantil.  Posteriormente puedes emplear instrumentos como registros anecdóticos, listas de cotejo, escalas o diarios para conservar y organizar la información obtenida mediante esa observación. Algunas publicaciones educativas utilizan clasificaciones terminológicas diferentes, pero en una oposición conviene mantener una estructura coherente y explicarla con claridad.


¿Tengo que crear una evidencia diferente para cada criterio?


No necesariamente. Una experiencia rica puede permitir que aparezcan varias evidencias relacionadas con diferentes criterios, aunque tampoco deberías intentar evaluar todo lo que ocurre simultáneamente. Lo importante es saber qué estás observando en ese momento y para qué. Un juego simbólico de restaurante puede proporcionar información sobre lenguaje, convivencia, autonomía, cantidades o juego representativo; decidirás previamente qué aspectos necesitan seguimiento y seleccionarás los instrumentos que te permitan documentarlos sin convertir el aula en una evaluación permanente y artificial.


¿Las rúbricas son obligatorias con la LOMLOE?


No. El Real Decreto 95/2022 no establece que debas utilizar rúbricas como instrumento obligatorio en Educación Infantil. Lo que sí fija es una evaluación global, continua y formativa y la observación directa y sistemática como técnica principal.  Una rúbrica puede ser útil en determinados contextos, especialmente si utiliza descriptores claros y observables, pero también puedes recurrir a registros anecdóticos, listas de cotejo, escalas, diarios o portafolios cuando resulten más adecuados al tipo de información que necesitas obtener.


Si recuerdas tres preguntas, no volverás a confundirlos


Cuando vuelvas a preparar el apartado de evaluación de tu programación, olvídate durante unos segundos de las tablas y formula tres preguntas. ¿Qué voy a valorar? ¿Qué tendría que observar para saber cómo progresa el niño? ¿Cómo voy a registrar esa información? La primera te lleva al criterio; la segunda, a las evidencias; y la tercera, al instrumento. Después añade una cuarta: ¿cómo voy a obtener esa información? En Educación Infantil, la respuesta será en gran medida mediante observación directa y sistemática.


Esta estructura parece sencilla, pero cambia completamente la coherencia de una programación. El criterio deja de ser una frase copiada del decreto, la evidencia deja de confundirse con una manualidad y el instrumento deja de elegirse porque «queda bien una rúbrica». Todo empieza a estar conectado: seleccionas un aprendizaje, creas oportunidades para que se manifieste, observas lo que ocurre, lo documentas y utilizas esa información para tomar decisiones.


Eso es precisamente lo que debería transmitir tu apartado de evaluación al tribunal. No que sabes construir tablas especialmente complejas, sino que entiendes la evaluación como parte del aprendizaje y como una herramienta para conocer mejor la evolución de cada niño. El Real Decreto 95/2022 insiste en una evaluación orientada a identificar las condiciones iniciales, el ritmo y las características de la evolución individual y a mejorar el proceso de enseñanza y aprendizaje.


Si estás preparando tu programación y quieres ver cómo integrar criterios, evaluación, situaciones de aprendizaje, unidades didácticas y defensa ante el tribunal dentro de propuestas completas, puedes consultar nuestra preparación específica de Programaciones, Unidades Didácticas y Situaciones de Aprendizaje de Educación Infantil. Preparación de Programaciones, Unidades Didácticas y Situaciones de Aprendizaje La idea no es darte más tablas para copiar, sino disponer de modelos con los que aprender a construir una programación donde todos sus elementos mantengan verdadera coherencia.




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