Por qué “sé tú mism@” ante el tribunal de Oposiciones es un mal consejo
- OPOSICIONES INFANTIL

- hace 2 días
- 6 Min. de lectura

“Sé tú misma” es probablemente el consejo más repetido cuando alguien se enfrenta a una oposición. Lo dicen con buena intención: para tranquilizarte, para que no te bloquees, para que no te pongas nerviosa. El problema es que ese consejo nace desde una lógica emocional, no desde la realidad del sistema selectivo. Y las oposiciones no funcionan desde la emoción: funcionan desde criterios de evaluación.
Cuando entras a un examen de Infantil no estás entrando a una entrevista personal ni a una conversación entre iguales. Estás entrando a un proceso técnico donde cada palabra, cada decisión pedagógica y cada forma de argumentar se interpreta como evidencia de competencia profesional. El tribunal no viene a conocerte. Viene a comprobar si encajas en un perfil docente concreto. Aquí está la gran trampa: muchas opositoras creen que tienen que mostrarse naturales, espontáneas o cercanas, cuando en realidad lo que necesitan es mostrarse sólidas, estructuradas y profesionales. No porque tengas que fingir ser otra persona, sino porque estás desempeñando un rol muy específico: el de futura funcionaria docente.
Si entiendes esto desde el principio, cambia completamente tu forma de estudiar, de preparar el supuesto práctico y de afrontar la defensa oral.
El tribunal no evalúa personas: evalúa perfiles docentes
Este es el primer cambio mental que necesitas hacer. El tribunal no valora tu personalidad, tu vocación ni tu historia. Valora si sabes ejercer como maestra dentro del marco educativo actual. Evalúa perfiles, no individuos.
Un perfil docente se construye a partir de múltiples indicadores: cómo analizas una situación de aula, cómo justificas tus decisiones, cómo estructuras una programación, cómo respondes ante la diversidad, cómo planteas la evaluación o cómo conectas objetivos, actividades y competencias. Todo eso forma una imagen profesional. Eso es lo que se puntúa.
Tu carácter solo importa en la medida en que afecta a esa imagen. Puedes ser tímida y transmitir seguridad pedagógica. Puedes ser extrovertida y parecer improvisada. Puedes ser muy cercana y, aun así, no demostrar criterio profesional. La oposición no premia rasgos de personalidad, premia coherencia, claridad y competencia.
Además, el tribunal trabaja por comparación. No te juzgan en vacío. Te comparan con decenas de opositores más. Y en esa comparación gana quien presenta un discurso más estructurado, unas decisiones mejor fundamentadas y una visión educativa más alineada con el aula real. Si tú hablas desde la intuición y otra persona habla desde el análisis pedagógico, la diferencia es inmediata.
Por eso es tan peligroso quedarse en el “yo soy así”. El tribunal no necesita saber cómo eres: necesita saber cómo trabajas.
¿Te está resultando útil este artículo? ⏱️ Permítenos una breve pausa para presentarte el recurso definitivo que te ahorrará cientos de horas de estudio. Nuestros materiales, 100% actualizados a la LOMLOE y el RD 95/2022, integran Neurociencia, ODS y los principios del DUA para que destaques ante el tribunal. ¿Qué incluye nuestro Pack Exclusivo? ✅ 25 Temas Resumidos: Con guía de estudio, en texto y Audio/Podcast 🎧. ✅ Programación, Unidades Didácticas y Situaciones de Aprendizaje: Ejemplos innovadores de Unidades Didácticas y Situaciones de Aprendizaje listas para guiarte, incluye guion de defensa ante el Tribunal y estrategias para confeccionar las tuyas propias. ✅ Supuestos Prácticos: Gran variedad de casos resueltos paso a paso y guión para aprender a resolverlos. ✅ Estrategia: Consejos clave para superar las pruebas con éxito. 👇 Haz clic en la imagen y accede a todo el contenido. ¡Consigue tu plaza con herramientas eficaces! 🎯💪
No vienes a expresarte, vienes a demostrar competencia profesional
Uno de los errores más frecuentes es afrontar la oposición como si fuera un espacio de expresión personal. Muchas opositoras hablan desde su experiencia, desde sus emociones o desde lo que a ellas les parece mejor. Y aunque eso nace de una buena intención, no es suficiente.
En una oposición no vienes a contar lo que harías porque te nace hacerlo así. Vienes a explicar qué harías, por qué lo harías y cómo lo llevarías a cabo. Cada decisión debe tener un sentido educativo claro. Cada propuesta debe estar conectada con objetivos, evaluación y atención a la diversidad.
También es muy habitual hablar desde roles que no son el docente: desde la madre, desde la cuidadora, desde la persona cariñosa. Frases como “les daría mucho cariño”, “intentaría que estuvieran felices” o “me adaptaría como pudiera” suenan humanas, pero no construyen perfil profesional. El afecto se presupone. Lo que el tribunal necesita escuchar son estrategias, procedimientos y organización.
Esto implica cambiar el lenguaje. Pasar del “yo creo” al “se plantea”. Del “haría” al “se implementa”. Del “me gusta trabajar así” al “se prioriza esta intervención porque…”. No es postureo académico: es posicionamiento profesional. Es mostrar que piensas como maestra, no como alumna.
Cuando empiezas a hablar así, el tribunal deja de verte como alguien que quiere aprobar y empieza a verte como alguien que sabe ejercer.
El personaje opositor: cómo construirlo sin dejar de ser tú
Aquí aparece un concepto clave: el personaje opositor. No como teatro ni como falsedad, sino como rol profesional consciente. Igual que un médico adopta una forma específica de comunicarse en consulta, tú necesitas adoptar una forma concreta de presentarte ante el tribunal.
Este personaje se construye en varias capas. La primera es el discurso: cómo explicas, cómo estructuras tus respuestas, qué vocabulario utilizas. La segunda son tus decisiones pedagógicas: qué priorizas, cómo respondes a los problemas, qué medidas planteas. La tercera es tu actitud: seguridad tranquila, sin soberbia y sin sumisión. Y la cuarta es la estructura: todo lo que dices tiene principio, desarrollo y cierre.
Ser auténtica no significa ser espontánea. Ser auténtica en una oposición significa ser coherente contigo misma dentro de un marco profesional. Puedes conservar tu forma de hablar, tu sensibilidad o tu estilo, pero siempre dentro de una estructura técnica. No se trata de convertirte en alguien artificial, sino de elevar tu versión profesional.
Un ejemplo claro se ve en los supuestos. Ante un niño con dificultades de lenguaje, una respuesta emocional sería decir que intentarías ayudarlo hablando mucho con él y dándole apoyo. Una respuesta profesional es explicar que se plantean medidas universales, se realiza observación sistemática, se coordina con orientación y familia y se adaptan las situaciones de aprendizaje siguiendo principios DUA. El fondo puede ser el mismo, pero la forma construye perfiles completamente distintos.
El tribunal solo ve la forma.
Qué espera realmente escuchar un tribunal de Educación Infantil
Aunque no lo verbalicen, los tribunales buscan cuatro grandes cosas: seguridad pedagógica, coherencia normativa, capacidad de análisis y una visión realista del aula.
La seguridad pedagógica se nota cuando no dudas constantemente, cuando no te contradices y cuando tus respuestas siguen un hilo claro. No significa saberlo todo, sino tener criterio. La coherencia normativa aparece cuando tus propuestas respetan principios como inclusión, atención a la diversidad, evaluación formativa o aprendizaje significativo, aunque no cites leyes de memoria.
La capacidad de análisis se demuestra cuando no das recetas genéricas, sino que lees la situación concreta, priorizas necesidades y justificas tus decisiones. Y la visión realista del aula se ve cuando hablas de grupos diversos, de ritmos distintos, de dificultades reales y de coordinación con otros profesionales.
Lo que el tribunal no quiere es idealización. No quiere aulas perfectas ni niños siempre motivados. Quiere maestras capaces de intervenir en contextos complejos con sentido educativo. Cuando tu discurso refleja estas cuatro dimensiones, el tribunal empieza a verte como compañera de profesión, no como aspirante insegura.
Errores frecuentes cuando intentas “ser tú misma”
El primero es improvisar. Pensar que ya te saldrá. No sale. La improvisación se nota y se penaliza.
El segundo es hablar desde la experiencia personal sin marco pedagógico. Las prácticas, los ejemplos reales y las vivencias solo suman si están conectados con intervención educativa. Contar anécdotas sin análisis no aporta valor.
El tercero es justificar decisiones con opiniones personales: “yo creo que”, “a mí me parece”. En una oposición todo debe apoyarse en criterios profesionales, no en gustos personales.
Y el cuarto es confundir cercanía con falta de rigor. Puedes ser cercana y técnica al mismo tiempo. De hecho, eso es lo que define a una buena maestra.
Cómo posicionarte correctamente en tema, supuesto y defensa
Antes de preparar cualquier tema necesitas identificar ideas clave, tener ejemplos claros y pensar cómo cerrar cada apartado. Durante la programación todo debe estar conectado: objetivos, actividades, evaluación y atención a la diversidad no pueden ir por separado.
En el supuesto práctico el orden importa: primero analizar, después priorizar, luego proponer medidas y finalmente explicar seguimiento. Saltarte pasos debilita tu perfil.
Y en la defensa oral cuenta tanto el contenido como la forma: postura firme, voz estable, mirada tranquila y estructura visible. No hace falta teatralizar, pero sí mostrar seguridad.
Todo esto se entrena. No aparece solo.
Conclusión: no ganan las más auténticas, ganan las mejor preparadas
Opositar no es un acto de sinceridad, es un ejercicio profesional. Puedes ser tú misma, sí, pero dentro de un rol técnico, consciente y trabajado.
El tribunal no premia la naturalidad. Premia la competencia.
Construye tu personaje opositor. Practícalo. Afínalo. Porque el día del examen no importa quién eres en casa. Importa quién eres delante del tribunal.
Y eso se prepara.






Comentarios